Las luciérnagas.
Puntos de luz que alumbraban los caminos en las noches cerradas de verano, esas eran las luciérnagas: diminutas e inofensivas estrellas desprendidas de un firmamento inmenso que envolvían las cálidas noches estivales.
Tiempo de tormentas:
El santo Cristo de paseo. “El campesino mira más a menudo al cielo que a la tierra. De la tierra sabe qué esperar, del cielo no”. Libro: Madres e hijos. Autor: Theodor Kallifatides. Cuando la cosecha estaba a punto de ser recogida y de un cielo intensamente oscuro se desprendían los primeros granizos que amenazaban el esfuerzo de todo el año, era entonces el momento justo para sacar el Cristo a la puerta de casa. Una granizada contundente podía echar a perder el trabajo de todo el año, tiempo de resignación y de esperanza, resignación porque lo perdido no se podría recuperar y de esperanza por ver si algo de la cosecha se pudiera salvar. Plegarias ante un Cristo justiciero o contenido en su furia según la intensidad de la tormenta; al día siguiente se sabría el veredicto observando el campo; cosecha única, es lo que ofrece esta tierra de secano. Cuando cesaba la tormenta todo volvía a la normalidad y el Cristo de la esperanza a su pequeño pedestal en la pared.
El gallinero. Los buenos días del gallo altanero:
El canto persistente de los gallos rompía en la madrugada la monotonía de la noche; amanecía y una nueva jornada laboral intensa y alargada aguardaba a la gente . Bendito gallo que cubría a las gallinas que nos proporcionaban huevos camperos con yemas de un color amarillo intenso y sabor de pura naturaleza , cien por cien ecológicos diríamos hoy en día, de vez en cuando aparecía por los alrededores una gallina clueca seguida por una recua de polluelos que nadie sabía de donde habían salido, clueca protectora de su prole y, más le valía, porque siempre rondaban por los alrededores algunos depredadores: las picarazas eran habituales visitantes siempre al acecho de algún descuido de la madre.
En el interior del gallinero palos en horizontal servían para dormir las gallinas por la noche , de ellos colgaba , en ocasiones, algún escuerzo, sapo, no recuerdo cual era la finalidad de tal práctica , junto a las paredes unos huecos servían de ponederos; cuando finalizaba el día siempre se había de tener la precaución de cerrar la gatera, la astuta zorra no desaprovechaba oportunidad de conseguir un buen trofeo para la cena.
De la caseta de mi gallinero , del gallo y las gallinas solo queda el recuerdo; ese espacio ahora cobija “caballos”, “caballos de potencia” del coche que sirve para desplazarme de un sitio a otro; el sonido del claxon bronco y estridente me aleja un poco más de aquellos despertares matutinos del gallo altanero de brillante plumaje, que cada día con su canto me regalaba los buenos días.
La mula “Pastora”
En la mayoría de las casas había , entre otros animales, mulas y machos , bueyes y vacas para realizar las labores del campo: para labrar o arar, gradear, sembrar, segar, acarrear, trillar…nosotros teníamos, entre otros animales, dos mulas y un macho, a una de ellas la llamábamos “Pastora”, era una mula negra, alta , más bien delgada, incansable y dócil , su mirada desprendía inteligencia , parecía conocer su destino, el papel que le había tocado desempeñar en la vida, aunque nuestra mula preferida para montar era “la jardinera” más “atractiva” por su tamaño y figura; la fortaleza y esfuerzo de estos animales contribuyeron a traer el pan de cada día a cada uno de los hogares del pueblo.
Con el tiempo aparecieron los primeros tractores: los “ebro”, los “lanz”- con su característico ruido de motor y sus bocanadas de humo desprendidas del tubo de escape- …, y ese fue el principio de la desaparición de los animales de labor , de las yuntas de bueyes y el de mi recordada “Pastora”, desconozco cuál fue su destino final , tampoco quiero imaginarlo.
Las benditas golondrinas:
“Volverán las oscuras y “benditas” golondrinas”…Todavía conservo un nido de golondrinas adosado a una de las maderas de la cámara de la casa donde nací, cada temporada regresaban para anidar en el mismo lugar y sacar adelante sus crías, durante la noche cerrábamos las ventanas, ellas permanecían en el interior de la casa , al amanecer abríamos la ventanas para que pudieran salir a conseguir alimento, ellas eran unas convivientes ocasionales más de la casa, siempre respetadas; las personas les hemos de estar muy agradecidas a su labor en pro de librarnos de los molestos mosquitos.
Aún sigo teniendo bastantes golondrinas en mi casa del pueblo , pero ahora son de papel pegadas en las paredes del salón, sus vuelos son cortos, lo que dura la ráfaga de viento atravesando la sala cuando las ventanas están abiertas; las extraño, yo sigo su ejemplo y temporada tras temporada regreso a la casa donde nací, mientras las fuerzas acompañen; las observo contento y agradecido.
Mariposas en el aire:
Cientos de mariposas multicolores inundaban los campos y los alrededores del pueblo, aleteando sus alas en busca de un necesario equilibrio libaban las flores , también se podían contemplar en los arroyos o cerca de las fuentes donde se paraban a beber y absorber las sales minerales de la tierra , era sorprendente la variedad de formas y colores que se podían observar y disfrutar…luego los herbicidas acabaron con una gran variedad de flores, se canalizó el agua de las fuentes, desapareció el pastoreo y con ello las hierbas altas sepultaron a otras plantas más pequeñas y floridas, y ahora el cambio climático … toda una transformación del ecosistema…. es poco probable que vuelvan a inundar esos mismos campos las mariposas de mil formas y colores.
La morera:
Mimada por su dueño que cada mañana le regala varios cubos de agua, sustento de tordos y gorriones, parada de paseantes y curiosos que se acercan a probar el sabor agridulce de sus moras rojas; así de esbelta y generosa da la bienvenida al visitante cuando toma la última curva de la carretera para acceder a la plaza del pueblo.
A un chopo seco:
“Al olmo, hendido por el rayo
Y en su mitad podrido
Con las lluvias de abril y el sol de mayo,
Algunas hojas nuevas le han salido”
Antonio Machado. Poema “A un olmo seco”
Nuestro chopo seco, también testigo y sufridor de rayos, permanece firme junto al camino haciendo buena la letra de la canción “Resistiré”
“Resistiré erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Soportaré los golpes y jamás me rendiré”
Esperamos que tu encuentro con Leonor sea muy lejano, no abandones a esta España vacía ni a los que aún disfrutamos cada primavera de tus ramas verdecidas.
Mi corazón espera también
Hacía la luz y hacía la vida
Otro milagro de la primavera.
Antonio Machado. Poema “A un olmo seco”
El mostillo:
Muchos vecinos disponíamos de colmenares, con el aguamiel se elaboraba el mostillo, recuerdo que los chiquillos bajábamos por el camino que va desde la plaza hasta la morera, en medio del recorrido en la calle Carrasanpedro estaba la casa de nuestra vecina donde, en una ventana a la altura del camino, ponía a secar los platos de mostillo ; los chicos tentados por la curiosidad y las malas intenciones tirábamos piedras pequeñas intentando acertar a los platos de mostillo, debido a la distancia que separaba ambos espacios y el nerviosismo por si aparecía la dueña pocas veces conseguíamos el objetivo, pequeñas travesuras inocentes para matar el tiempo.
Siempre disfruté con la textura del mostillo , mi madre también lo hacía, por eso para que perviva un poco más ese recuerdo , acompaño de la receta que un primo me envió recientemente, ahora la mano de cada cual determinará el resultado final.
La mirada del gato:
Resignado, tal vez esperando a ser rescatado de una vida sin futuro, viendo pasar el tiempo ante el abandono y la ruina que se han convertido tantos pueblos, guardián de una época más gloriosa de difícil retorno, ahí está viendo pasar el tiempo, escéptico ante la mirada de los curiosos que se acercan al pueblo, el visitante ocasional puede interpretar la mirada del protagonista aún sin adivinar sus pensamientos , el hueco entre los barrotes le permite una salida hacía otra realidad, aunque quizás le frene la incertidumbre o la resignación.
Expresiones y vocabulario particulares:
- ¿Aonde dices que está el Jesús?
- Está ahibajo, enantes iba pitando al gallinero, por lo visto la zorra le ha hecho un buen salchucho.
- Menuda cendera me armó a mí el año pasao, casi logro agarrarla pero me vió y salió echando ostias.
- Sabes, me voy a sentar ahineso ,a ver si cojo la sombra, aquí ya me ofende el sol.
- Hay perillán, perillán, al final conseguiste un buen aguinaldo de tus abuelos.
- Pero... ¿ya fuiste al médico?
- Si, el otro martes.
- ¿Y había mucha prisa? porque yo el otro día tuve que esperar más de una hora hasta que me atendió.
- Pues a mí me encantan los limoncillos, mi abuela todos los años coge dos cestas bien colmadas, una para mi madre y la otra para mi tía.
- Caguendiez, menuda zorrera se ha armado, aquí adentro en esta cocina no hay quien aguante.
- -Será que ha cambiado el aire, porque la leña la puse seca.
- Con lo que disfrutábamos antes jugando con las gállaras y gallarones, eran otros tiempos, verdiuste.
- Vaya chasco se llevó cuando vió el peso del grano de la talega.
- Ponte el tabardo que hemos traer el gamellón y después ir a la corte a por el cochino, hoy no va ser su día.
- Con las albarcas y escarpines hoy toca escardar, porque entre ababoles y cardos lo que menos se ve en este peazo es el trigo.
- Ponle las aguaderas al burro y ves a la fuente a por agua que los cántaros están vacíos, y de paso entra en huerto y coges unos grumos.
- Unos torrenillos y un buen trago de vino tinto, gloria bendita.
Pueblo herido:
Heridas que vienen de lejos, ahora España vacía, antes España olvidada por las autoridades porque para ellas nunca fue un asunto prioritario el progreso de este medio rural, tenían los votos asegurados en cualquier circunstancia ; pueblo herido donde , aunque te subieras a lo alto del Castillo desde donde se contempla el inmenso páramo, no veias llegar las carreteras asfaltadas, ni el agua corriente, ni los servicios públicos requeridos, así años y años viendo transcurrir únicamente las estaciones.
- Hoy pueblo herido, sembrado de casas hundidas abandonadas a su suerte por sus dueños ausentes y por la falta de iniciativas o de respuesta positiva de las autoridades competentes. Como dice la canción “Pueblo mio que estas en la colina tendido como un viejo que se muere...”
- Pueblo herido, visión lastimosa de abandono y dejadez en partes de su cuerpo; todos los que de alguna manera lo sentimos como propio tenemos la oportunidad, desde nuestras posibilidades , de luchar para revertir dicha situación y así disfrutar de un entorno más agradable , nosotros y los que que vengan después lo agradeceremos.