Las fiestas patronales:
Se celebran los días 11,12 y 13 de octubre en conmemoración de la patrona la Virgen del Pilar. La primera noche se hacía la luminaria en medio de la plaza: se amontonaban gavillas de leña que se quemaban y sus ascuas ayudaban a soportar el frio de la noche; el día del Pilar fiesta mayor con misa y procesión hasta la plaza con la imagen de la virgen y el pendón; se tiraban unos cohetes y vuelta a la iglesia para sortear los bandos y los rollos que previamente se habían colgado en dos palos con aros decorados para esta finalidad. Por las tardes juegos populares con bolos, tanguilla, a la pelota en el frontón; y por la noche en la plaza baile amenizado por el gaitero u “orquesta “ con un número más bien escaso de músicos.
La imagen que recuerdo de la fiesta con más agrado de chiquillo es la del confitero vendiendo diferentes caramelos , golosinas, “hostias”, cigarrillos de anís y “mixtos” que cuando se apretaban contra el suelo chisporroteaban y producían un sonido característico a modo de petardos inofensivos. También eran especiales las noches: dado que las familias eran bastante numerosas y muchos familiares se acercaban al pueblo a compartir la fiesta con la familia; para dormir, a los numerosos chiquillos, nos preparaban camas colectivas en las “cámaras”; sobre los montones de avena, cebada o trigo los padres extendían mantas y encima nos tumbábamos todos los primos y primas a “dormir”… la juerga estaba asegurada.
Romería a la Virgen de Velacha.
Hacía el segundo domingo de julio varios pueblos Moñux, Baniel, Viana, Valdespina, Nolay, Borjabad acuden a la romeria, eran dos o tres horas de trayecto a lomos de la mula atravesando campos y montes, las alforjas cargadas con la comida y merienda; en la fiesta no faltaba el carrito de los helados , confites y otras chucherías. En la ermita se celebraba una misa y a continuación procesión con un corto recorrido por el exterior donde se “besaban” los pendones de los pueblos participantes; comida de hermandad bajo los árboles junto al rio, por la tarde rezo del rosario y de vuelta a casa, siempre te alegraba coincidir y compartir tiempo y noticias con familiares y vecinos de los otros pueblos. Hace ya muchos años que no asisto a esta romería de gratos recuerdos infantiles.
Romería a la Virgen de todos los Santos.
Vagos recuerdos tengo de esta romería donde participan tres pueblos: Nepas, Neguillas y Moñux; se asistía a misa para después compartir comida a la sombra de la arboleda, jornada de armonía y reencuentro entre los pueblos.
La bendición de los campos.
Una vez al año se salía en procesión desde la iglesia y se daba una vuelta alrededor del castillo ; en mitad del recorrido, en un punto señalado con una cruz de madera, se hacía una parada y el cura realizaba las plegarias oportunas para la ocasión y con el hisopo bendecía los campos; una vez pasado el verano se comprobaba si las bendiciones habían surtido el efecto deseado o si por el contrario los designios del todopoderoso no habían estado esa temporada en consonancia con las expectativas de los fieles; el tiempo ha ido borrando el trazado del camino , ojala se recupere la senda porque resultaría un paseo circular muy agradable por las vistas panorámicas tan impresionantes que se pueden contemplar.
La recogida del espliego.
Una vez finalizadas las arduas, pesadas y prolongadas tareas del campo , después del verano la gente aún encontraba tiempo para ir a segar el espliego que crecía en las laderas de los cerros , las gavillas se transportaban a lomos de las mulas al vecino pueblo de Nepas donde provisionalmente habían instalado unas calderas para extraer el perfume de las plantas; representaba un pequeño suplemento económico para las familias. Hoy esa práctica ya no existe en el pueblo, demasiado pesada y nada rentable; ahora la lavanda se cultiva en grandes parcelas con visitas turísticas incluidas, pero en la provincia de Guadalajara.
La matanza del cochino.
De madrugada, durante los meses de invierno, todavía de noche se iniciaban los preparativos para la matanza –el sacrificio del cerdo o cochino – previamente se habían recogido un buen montón de aliagas secas, dispuesta la caldera llena de agua que después serviría para pelar la piel del animal y cocer las morcillas: a veces con nieve en la calle nos dirigíamos a la “corte”- denominada así la pocilga- donde permanecía el cerdo confiado , se le invitaba con buenos modales a salir de su cómodo habitáculo, si se negaba, cosa habitual, entonces se le “ayudaba” con el gancho que se le clavaba en la parte inferior del cuello y así a la fuerza se le arrastraba por la calle hasta el portal de la casa donde estaba el gamellón, el matarife – un miembro de la familia y otros ayudantes para sujetar al animal en el decisivo trámite . Era un sacrificio necesario para alimentar a otras vidas a lo largo de todo un año, siempre les hemos de estar agradecidos a estos animales que nos han salvado en épocas tan poco gloriosas . Para los chiquillos era una fiesta, compensaba el madrugón. Se limpiaban las tripas que después servirían para hacer las morcillas , chorizos y güeñas ; en los días siguientes se despiezaba el animal para hacer los chorizos, salar los jamones, guardar la manteca ; con la vejiga, una vez seca e inflada, se hacía la zambomba, un juguete para los chiquillos, como se dice: del cerdo se aprovecha todo.
Los juegos.
Los chiquillos nos entreteníamos jugando a la pelota, pita y el marro, tres en raya, a saltar la cuerda, correr el aro, tres aviones se han perdido por el mar… Los hombres al frontón a mano y a la tanguilla; las mujeres a los bolos , la brisca y el guiñote… y la gente no nos aburríamos, nos salvaba el ingenio, la intercomunicación personal, la socialización del tiempo libre, de vez en cuando alguna piedra iba a parar a algún pajarillo o en el peor de los casos a la cabeza de otro compañero de juego, gajes del oficio.